Skip to content

Gratitud

De María del Mar Peydro, Consejo de la Educación de la Misericordia

Gratitud fue la primera palabra que me surgió al pensar en el carisma de la Misericordia.

Gratitud, principalmente, hacia mis padres que eligieron al Colegio Santa Ethnea –colegio Misericordia en la Provincia de Buenos Aires- para que los acompañara en mi educación. Algo que les impactó en aquel momento fue la apertura de mente y corazón con el que fueron recibidos, poco común para escuelas religiosas de ese tiempo. Esa elección fue la puerta de entrada a este carisma que me atraviesa desde la infancia y en el que sigo desplegando a lo largo de mi vida creciendo y embebiéndome del legado de Catalina McAuley.

Gratitud hacia las Hermanas de la Misericordia que nos transmitieron la impronta Mercy. Si bien de pequeñas no escuchábamos el nombre de Catalina, veíamos encarnado su espíritu en las Hermanas que siguieron sus pasos en la Argentina. Nos educaban no solo con sus conocimientos sino especialmente con su estilo de vida alegre, comprometido y disponible, especialmente en circunstancias difíciles. Hubo momentos muy duros en nuestro país donde las Hermanas, fieles al Evangelio, se mantuvieron junto a los más vulnerables y necesitados transmitiéndonos los valores que hacen a la dignidad de las personas y la forma de actuar en consecuencia. Aun en la actualidad, pocas en número, siguen siendo una presencia valiente en realidades a los que pocos se atreven. No puedo dejar de destacar la confianza que siempre depositaron en los laicos trabajando codo a codo junto a ellas; hasta confiar la Dirección del colegio cuando lo consideraron oportuno.

Gratitud a mi marido que desde un comienzo abrazo el carisma como fundamento de su espiritualidad por la libertad y el coraje que encontró al conocerlo. Tanto es así que antes de que lo presentara a mis padres fueron las Hermanas quienes dieron su «aprobación», y esto ha quedado como una graciosa anécdota en mi familia. Gratitud hacia mis hijos, ex alumnos de la Misericordia, que adhieren con sus elecciones vitales lo que significa ser Misericordia.

Gratitud hacia mis compañeras y amigas del colegio que después de más de 50 años de egresadas continuamos con el sello de la Misericordia buscando momentos no solo de encuentros festivos sino también donde poder responder a las necesidades actuales.

Gratitud a la comunidad toda de Santa Ethnea que en estos casi 100 años, con sus luces y sus sombras, se juega diariamente por hacer visible el Reino de Dios, educando con alegría, libertad, compromiso y Misericordia. Un lugar donde se trabaja cotidianamente para que todos se sientan recibidos y amados como son. Una comunidad de vida que acompaña las alegrías y tristezas de quienes somos parte.

Gratitud a Educación de la Misericordia que me enseña que el círculo de la Misericordia es real y eficaz. Que se vive más allá de la ubicación geográfica, las culturas tan diferentes y las disímiles realidades. La posibilidad de seguir siendo testigo de que existen tantas personas enamoradas del carisma que ponen sus talentos al servicio de nuestros colegios me da una enorme esperanza en el futuro. Las nuevas generaciones continuarán asumiendo los desafíos que se presenten para hacer un mundo más justo y humano donde todos tengan un lugar.

Gratitud a Catalina McAuley, que desde su Irlanda natal, con su tierna audacia nos dejó huellas profundas para seguir. Nos mostró que para avanzar no hay que dar grandes zancadas sino pequeños pasos sabiendo mirar con ojos misericordiosos a quienes son nuestros semejantes. Que no nos dejó grandes elucubraciones sino un modelo de liderazgo cercano basado en el buen humor, honrando la autonomía de sus compañeras y siendo firme cuando fuere necesario. Que encontró en cada persona el rostro de Jesús por quien estaba dispuesta a entregar su vida, aunque esto implicara aceptar disposiciones que no deseaba reconociendo que de esta manera podía ser leal al llamado que ardía en su corazón.

Y Gratitud infinita al Dios de la Misericordia “por quien solo avanzamos o nos detenemos” que atrajo a Catalina con su llamado, y nos sigue convocando e invitando a vivir el Evangelio desde este apasionante carisma para ser lámparas brillantes en un mundo que muchas veces se cubre de oscuridad.

Back To Top